domingo, 25 de noviembre de 2018

MIEDO A SENTIR


Mañana se reinicia una etapa, y, aunque tengo muchos borradores en el tintero, han sido días intensos que no me han dejado centrarme para pulirlos.

Sin embargo, hay algo que no puedo dejar de decir hoy.

Quédate con quién te borre el pintalabios con sus besos,
No con quien te borra el rímel con tus lágrimas.


Es una modificación de la frase de Quiérete Mucho, vía mi querida Nuria De Argila, que me ha hecho pensar en esas personas, o esos momentos, en los que, por no sentir, no tocamos, no acariciamos, no besamos,...y en vez de borrar el pintalabios con cariño, ayudamos a borrar el rímel con barreras y más dolor.

Como enfermera, hoy necesito acercarme a esta realidad. Cuando, como sanitarios, como personas, no queremos sufrir, no queremos coger cariño a esa persona, no queremos quererla,... así que, en momentos vitales, cuando esa persona tiene el alma al aire, nos centramos en la técnica, en su cuerpo, pero nos apartamos de ellos, de sus abrazos, y hacemos lo posible por evitar sus besos con ridículas estrategias como adelantarnos alargando la mano para despedirnos, darle un toque en el hombro, o huir rápidamente detrás de una mesa o cualquier mueble que nos salve de su cercanía, hasta que esa persona desaparezca. La cosificamos, nos centramos en su cuerpo, rechazando sus emociones, o su alma.

Los que seguís el blog sabéis que a mis 36 años estoy en plena crisis, replanteándome muchas cosas desde las bases. Creemos que así estamos a salvo de sentir, y seguramente sea así y sea yo quien esté equivocada.

Mientras lo decido, compartiré lo que pienso. A riesgo de desdecirme públicamente mañana.

Creo, que nos da miedo conmovernos, que nos da miedo sentir. Y que en el camino por evitarlo, en ese camino de autosupervivencia emocional, hacemos mucho daño al otro;  y a nosotros mismos impidiéndonos sentir, y sabiendo lo que hacemos a la otra persona.

Creo, que hay momentos en los que la otra persona nos pide a gritos conectar con el alma, y no solo con las palabras o con el cuerpo mediante unas palmadas en la espalda. 

Nos pide un abrazo, nos pide sentir que nos importa, que vamos a implicarnos y a cuidar de él-ella en todos los sentidos y aspectos que estén en nuestra mano, que, de alguna manera, le apreciamos como ser humano único, como él, como José, Alicia, María, Nuria, Carlos, Antonio,..

Sin embargo, somos cobardes, y ponemos barreras para evitar que las emociones entren, para evitar conectar con otra alma... dejando desamparada a esa persona que, con el corazón en la mano, nos estaba pidiendo ese gesto de cariño. 

Me diréis que no es profesional. Me diréis que cuando abres tu alma a menudo te la destrozan. Me diréis que no nos pagan para eso,... seguramente tengáis razón en todos los argumentos y la errada sea yo. 

Sin embargo, os diré una cosa. Un diagnóstico me lo podrá hacer Watson. Traerme un vaso de agua o las pastillas lo podrá hacer un robot. Una apendicectomía podrá hacerlo DaVinci,... 

Pero cogerme de las manos haciéndome saber que estaremos juntos pasando por eso; mirarme a los ojos con mirada de "eres única e importante para mí" y abrazarme fuerte cuando viene la tormenta, eso... solo podrá hacerlo una persona a la que le importe no solo mi cuerpo, sino también mi alma. 


Como dice Serrat, son encuentros donde es caprichoso el azar, no te busqué, ni me viniste a buscar. Tú estabas donde no tenías que estar; y yo pasé, pasé sin querer pasar. Y me viste y te vi, entre la gente que iba y venía con prisa,... estamos dispuestos a conectar?

Últimamente digo aún más tonterías de lo normal. Solo te diría que te preguntes si ¿Estás dispuesto a ser esa persona con tus pacientes?  y por qué sí, o por qué no.




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