sábado, 24 de febrero de 2018

Gestión por Locus Externo

Siempre les digo a mis hijas que no echen la culpa a los demás, porque si los demás tienen la culpa, también tienen la solución, y el control de la situación y el cambio.

Esta noche apenas he dormido, por dos motivos, uno interno y otro externo. La cuestión es que, muy zombi, me dio por lanzar esta pregunta exploratoria:

Agradezco las intervenciones de todos. Aunque las de una persona concreta me hicieron encender la luz. Eso y el café. ja,ja,ja,ja...


Al final llegué a dos reflexiones desafiantes.  Una interna y otra externa.

La Interna,los trabajadores sanitarios nos apasionamos con nuestros proyectos. Nos empapamos. Investigamos. Nos implicamos. Nos lo llevamos a casa en muchas ocasiones. Para nosotros los proyectos en los que trabajamos son fundamentales. SE LO TRASLADAMOS A LOS SINDICATOS??  cuando vienen los sindicatos, les DEMANDAMOS que consigan en las mesas de negociación que podamos ejecutar proyectos que nos apasionan y que son buenos para la empresa? O solo cogemos los bolígrafos y las migajas de información que nos dan, que en ocasiones son un no sabe-no contesta, y que la propia empresa nos podría facilitar de primera mano con mecanismos de comunicación internos.

La Externa, Serían capaces nuestros directivos y gestores sanitarios, de dejarnos libertad?. Se oye muchas veces que los resultados no son buenos por condicionantes del equipo ajenos al líder.Yo misma me he quejado por no tener personas formadas como me gustaría 😓. Sin embargo,  ¿Y si los mejor preparados, los de mayores capacidades humanas y profesionales, no quisieran trabajar conmigo?  Y si todos se fueran a otros centros de salud u hospitales por no venir conmigo? Y si el directivo tuviera la libertad que muchas veces solicitamos. Si pudiera ofertar a mi equipo horarios, condiciones (salvo el sueldo), proyectos,.. y exigir por contrato la consecución de determinados indicadores, con evaluación periódica y capacidad de despido si no se cumple lo pactado? Si me pasara, nadie querría estar en mi equipo. Si me quedara corta, no lo estaría haciendo bien tampoco. Sin embargo, dependería de mí, o del directivo. Y ciertamente, no habría a quién echar las culpas de los resultados, más que a mí misma, o al directivo y su liderazgo.

En la libertad, está la verdadera medida.